jueves, 21 de abril de 2016

CAPITULO CUATRO

Nicola no cejo en su intento de ponerle a Angie un guardaespaldas. Asigno a Adams, un joven detective de la compañía, la obligación de seguirla a dondequiera que fuera. Jazmin sonrió al verla llegar a la oficina y hasta ejecuto unos pasos de baile al tiempo que cantaba unos compases de la canción titulada Voy mi sombra.
—Oh, callate —gruño Angie —Supongo que Nicola cree que pueden matarme a plena luz del día.
—Y no puede permitírselo —murmuro Jazmin —Imaginate el daño que haría a la reputación de la agencia que nuestra secretaria sufriera un atentado!
—Estas loca —dijo Angie riéndose mientras la abrazaba con cariño —Me alegra estar de vuelta en la oficina.
—Te hemos echado de menos —contesto Jazmin —No se ha escondido nadie debajo de mi escritorio en toda la semana.
—Yo no me escondía debajo de tu escritorio.
—Lo habrías hecho si hubiera sitio. Tengo que darte una mala noticia —hizo una mueca —Nicola esta de malas —suspiro —A veces pienso que he hecho mal comprometiéndome con Harold. Podría hacer algo mas interesante con Nicola —frunció el ceño pensativa —Desde que lo abandono su esposa no sale con ninguna mujer, ¿verdad?...Crees que el tiroteo tendría algo que ver?
—A que te refieres? —pregunto Angie con curiosidad.
—Bueno, como a veces cojea... —contesto Jazmin después de asegurarse de que nadie las oía —Es posible QUE UNA ANTIGUA lesión que le impida meterse en la cama.
—No Creo que tenga ninguna lesión importante, le he visto montar perfectamente a caballo —eontestó Angie después de aclararse la garganta.
—Que bien —Jazmin se encogió de hombros —Entonces quizá no se crea suficientemente atractivo. O quizá odia a las mujeres. Que desperdicio de hombre, si por lo menos, no tuviera esa expresión de policía...Casi nunca sonríe y solo se ocupa de su trabajo —movió la cabeza y se alejo —Me pregunto si se comportara de la misma forma cuando esta con una mujer.
Angie sintió una extraña debilidad en las piernas al recordar como se comportaba Nicola cuando estaba con una mujer. Las cosas que le había dicho cuando la había besado no eran como para quedarse inmune. Podría ser brusco, pero era muy sensual y ella había empezado a descubrir... que podía ser muy tierno.
—Bueno, ahora ponme al tanto de como andan las cosas —repuso Angie, intentando cambiar de tema —Tengo la sensación de llevar años sin venir a trabajar.
—No lo dudo. ¿Ya tienes completamente bien el brazo?
—Un poco rígido —le contesto —Pero no te preocupes. Para una profesional como yo, una bala no tiene ninguna importancia.
—Bueno —gimió Jazmin —ahora a todos os han herido de bala, menos a mi. Hasta a la secretarial
Añadió mirando enfadada a Angie, que levanto las manos y contesto:
—Yo no tengo la culpa. Te juro que no pedí a esos hombres que me dispararan.
Jazmin puso los brazos en jarras
—Y como puedo saber que no estas mintiendo?
Nicola abrió la puerta de su oficina y les dijo:
—A trabajar.
—Si, señor —contesto Jazmin, muy modosa.
Angie no se atrevió a mirarle a los ojos, se sentó delante del ordenador y dijo:
—Jazmin me estaba poniendo al corriente de todo.
—Pues asegúrate de que todo se refiera únicamente al trabajo —contesto.
—Pareces cansado —le dijo Angie cuando se atrevió a mirarle.
—He dormido poco —se paso la mano por el pelo —Cuando llame Andrew, decidle que venga a la hora del almuerzo. Tengo un caso para el. Yo estaré en una reunión con los detectives. No me pases ninguna llamada.
—De acuerdo.
De pronto, Nicola pareció reparar por primera vez en Angie. La recorrió de pies a cabeza con la mirada.
—Estas muy elegante esta mañana —le dijo — ¿Vas a comer con alguien especial?
—No…Lo que pasa es que no quiero decepcionar a mi sombra vistiéndome como una aburrida oficinista. He pensado que podía impresionarle con mi disfraz de Mata Hari.
—Te has equivocado de categoría —contesto Nicola arqueando una ceja —Somos detectives, no espías.
—Pero no hubiera estado tan elegante si me hubiera puesto mi impermeable y un sombrero estilo Indiana Jones.
—Quizá no
Nicola se metió las manos en los bolsillos. Aquel gesto le indico a Angie que estaba preocupado.
— ¿Que pasa? —le pregunto.
Nicola dejo escapar un largo suspiro antes de contestar:
—El tipo que te hirió ha salido libre bajo fianza. Anda por las calles y nadie sabe donde.
Angie se quedo paralizada. Ya no necesitaba preguntarle que era lo que le preocupaba. Le causaba horror saber que era la única testigo de una entrega entre narcotraficantes, que podía mandar a prisión a dos hombres. Si estos pretendían silenciarla, su vida no valía nada.
—Adams no se ha separado en ningún momento de mi.
—Es uno de nuestros mejores detectives. Pero eso no es suficiente, porque no puede dormir contigo.
—Puedes enseñarme a usar un revolver.
—Te llevaría años de practica disparar correctamente —le recordó —Y no es lo mismo encontrarse en una situación desesperada que disparar en un entrenamiento.
—Puedo irme a vivir al apartamento de Jazmin —sugirió.
Nicola saco las manos de los bolsillos del pantalón, se acerco al escritorio de Angie y dijo de modo que Jazmin no pudiera oírle:
—No lo malinterpretes, porque esto no es una proposición de ningún tipo, pero quiero que vengas a vivir a mi casa hasta que atrapemos a esos tipos.
— ¿A vivir contigo? —pregunto dudosa.
Nicola asintió.
—Es la solución más segura. Me gustaría que te fueras al apartamento de Adams, pero su novia puede enfadarse —contesto intentando aliviar la tensión.
Al ver que Angie vacilaba, añadió
—Angie, si tienes miedo por lo que sucedió anoche, olvídalo. Ya te dije que no quiero compromisos. No voy a intentar seducirte y supongo que sabes que no soy capaz de forzarte.
—Si —se mordió el labio —pero no estaría bien.
—Los únicos que se enteraran serán los trabajadores de la agenda —le prometió —Y ellos saben por que lo hacemos. No te estoy pidiendo que tengamos una aventura.
—Ya lo se
Angie bajo la mirada. Nicola sonrío y le dijo:
—No voy a pasearme desnudo por el apartamento ni pienso pasarme el día viendo partidos de futbol.
— ¿Te gusta el futbol? —pregunto Angie extrañada.
—No. Pero normalmente ando desnudo por el apartamento. Me comprare unos cuantos pijamas. Ah y una bata.
—Entonces, de acuerdo —contesto Angie sonriente.
—Pasare a recogerte a las siete para llevarte a mi apartamento. Hasta ese momento
Adams se encargara de cuidarte —dijo Nicola y acto seguido se marcho.
En ese momento Angie se sentía más insegura que nunca. Vivir con el iba a ser una dura prueba para sus sentimientos. Le observó entrar en su despacho con el ceño fruncido. ¿Por que la habría invitado Nicola a vivir a su casa? ¿Para demostrarle que no la quería? Angie no lo sabia, pero temía las consecuencias de su convivencia. En cualquier caso, al lado de Nicola había aprendido lo poco que valía la vida de las personas que se relacionaban con los narcotraficantes. Nicola era un buen detective y sabría como protegerla. Eso la tranquilizaba. Era absurdo que se preocupara de sus sentimientos cuando su vida estaba pendiente de un hilo, se dijo. Afortunadamente, el día se presento tranquilo. A las cinco Angie salió de la oficina, siempre seguida por Adams y ya en su apartamento hizo la maleta. No le apetecía irse, pero no le quedaba otro remedio. A las siete en punto Nicola llamo a la puerta y ella le abrió
— ¿Lista? —le pregunto.
—Voy a buscar mi abrigo —contesto mirando a su alrededor.
Solo llevaba una maleta.
— ¿Esto es todo lo que vas a llevar? —pregunto Nicola, frunciendo el ceño.
—Bueno, llevo lo suficiente para unos cuantos días.
—Angie, pueden ser semanas —contesto secamente —No quiero alarmarte, pero creo que vas a tener que pasar algún tiempo conmigo.
—Yo...puedo venir a recoger lo que vaya necesitando
—Supongo que si. ¿Has metido camisones? ¿Y la bata?
—Si —se ruborizo —Bueno, pijamas y bata.
—Tendrás tu propia habitación —dijo Nicola sonriendo —Es un piso grande.
—Si, ya lo se —contesto inmediatamente se arrepintió.
Era una forma de recordar lo que allí había sucedido.
—Vámosnos.
Nicola cogió la maleta y salieron. Mientras bajaban al aparcamiento Nicola iba atento, alerta a cualquier señal de peligro, Angie observe el bulto de la pistola bajo la chaqueta de Nicola. Estaba autorizado a llevar armas o herramientas de trabajo, como el las llamaba, pero eso le recordó a Angie el peligro que corría Nicola en su trabajo. Podía morir en cualquier momento. Antes de guardar la maleta en el portaequipajes, Nicola ayudo a Angie a meterse en el coche. Después examine el motor y cada centímetro del tablero y puso el coche en marcha.
— ¿Es necesario? —pregunto Angie.
Nicola asintió mientras sacaba el coche del aparcamiento.
—Siempre lo hago, pero no te preocupes, estas en buenas manos.
—Si, ya lo se —se apoyo en el respaldo del asiento — ¿Por que tuve que salir tan tarde de la oficina? —gimió —Si hubiera salido a la hora de costumbre, no me habría encontrado a nadie.
—Te entretuve yo —le recordó Nicola —Supong0 que, en cierto modo, yo también soy culpable.
—Me lo merecía por salir tan tranquila.
—Si, tienes que tener mas cuidado, sabes? Sin embargo, el día que encontraste a Jazmin en la juguetería, conseguiste salvar otra situación. El de repente estaba nervioso, pero al ver que te despedías de Jazmin, comentándole algo de su sobrino, pensó que no estaba allí por nada relacionado con su trabajo. Cinco minutos después, consiguieron detener a su hijo.
—No me lo habías contado! —exclamo Angie.
—Podías haber ocasionado una tragedia por no tener cuidado, lo mismo que Jazmin. Os merecías un escarmiento y tú ya lo has tenido. La próxima vez tendrás mas cuidado, ¿verdad?
—Mi trabajo no es peligroso —le miro —Nunca me dejaras hacer lo que realmente quiero —le acuso.
¿Y que es lo que quieres hacer? —pregunto deteniéndose ante un semáforo en rojo.
Apoyo el brazo en su asiento y la miro
— ¿Acostarte conmigo?
—Que vanidoso.
—Me deseas —le sonrió Nicola.
—Ya esta en verde —evito mirarlo.
—Cambiemos de tema —sugirió el —Pero no se te ocurra meterte en mi cama esta noche —y añadió cuando Angie abrió la boca para protestar —La puerta de mi habitación estará cerrada, así que no te molestes en comprobarlo.
Angie lo miro asombrada. Aquel bromista no tenía nada que ver con el serio detective al que estaba acostumbrada. Nicola arqueo una ceja y dijo:
—Siento decepcionarte. No soy lo suficientemente moderno para las aventurillas.
—Nicola, ¿te encuentras bien?
—Si y no se te ocurra acercarte a mi para comprobar lo bien que me encuentro —la previno.
Angie soltó una carcajada. Nunca se había imaginado que Nicola pudiera tener sentido del humor.
—Me siento definitivamente peligrosa.
—Lo Sois la mayoría de las mujeres —afirmo el —Y las vírgenes ansiosas de sexo sois las peores.
— ¡Yo no soy eso! —protesto.
— ¿Como lo sabes?
Aparco en frente del edificio en que se encontraba su apartamento y la miro
—El deseo puede acabar con mujeres como tu. En un momento puedes estar ruborizada y nerviosa y al siguiente desgarrando las ropas de un hombre indefenso.
—Te prometo controlar mis...necesidades —le miró risueña.
—Eso espero. Y no me espíes mientras me baño —añadió serio.
Aquellas bromas consiguieron eliminar todo rastro de miedo en Angie, que lo siguió contenta hasta el segundo piso, en el que se encontraba el apartamento. La habitación que le ofreció a Angie estaba decorada en tonos azules. A la joven le encanto.
—Si quieres yo me encargo de cocinar. Me encanta
Se ofreció en cuanto se instalo.
—Acepto —asintió —Yo también se cocinar, pero no me gusta.
Angie abrió el refrigerador y vio que estaba bien provisto, así que pregunto:
— ¿Te parece bien carne asada y ensalada?
—Perfecto —contesto Nicola.
Se quito los zapatos y dejo su chaqueta en un sofá de la sala. Angie fue a su habitación a cambiarse. Se puso unos pantalones vaqueros y una sudadera. Cuando salió, encontró a Nicola sin chaqueta, sin corbata y con la camisa desabrochada. Angie lo estudio a hurtadillas desde la cocina, nunca había visto a ningún hombre desnudo. Por lo que pudo ver, tenia el pecho cubierto de vello y la piel muy blanca.
—Soy muy blanco —le dijo el, sorprendiéndola como si hubiera leído sus pensamientos —Me basta tomar el sol y me quemo rápidamente por eso me cuido.
—No pretendía mirarte así
Nicola se acerco a la cocina y le quito un paquete de carne que llevaba en la mano y lo dejo en la mesa.
—No te preocupes, mira esto —dijo Nicola en voz baja, profunda y sensual.
Con una mano la agarro por la cintura mientras con la otra se sacaba la camisa de los pantalones.
—Ahora mírame —añadió con calma.
Y ella obedeció. Nunca había visto a alguien tan masculino ni tan sensual. Hasta el aroma de Nicola alteraba los sentidos de Angie. No podía dejar de mirar su piel desnuda.
—Tienes unos ojos muy expresivos —dijo Nicola, mirándola con ojos cargados de deseo —Delatan tus secretos.
— ¿Que clase de secretos? —pregunto Angie con la voz enronquecida, mirándole a los ojos.
—Hasta a ti te sorprendería conocerlos
Se inclino, le mordisqueo suavemente los labios y se separo inmediatamente de ella
—Guarda esas miradas lujuriosas. Son más peligrosas de lo que piensas.
Y sin más, se alejo con calma a su habitación. Angie todavía no había recuperado el control cuando Nicola volvio con unos vaqueros muy ceñidos y una camiseta blanca. Aquella ropa tan ajustada permitía admirar un cuerpo que muchos envidiarían. Nicola era alto y fuerte. Tenía la constitución física de un deportista. Angie tuvo que hacer un gran esfuerzo para dejar de mirarle.
— ¿Quieres café? —pregunto Nicola sonriendo complacido por la forma en que Angie lo había mirado.
—Si.
—Voy a prepararlo.
La cocina era demasiado pequeña para dos personas. Quizá esa fuera la razón de que Nicola la rozara con frecuencia de modo excitante, mientras preparaba el café en la cocina y cuando termino de hacerlo no se fue de la Angie se dijo que vistiendo de aquella forma desenfadada la hacia ser mas consciente de su virilidad
—Te he puesto nerviosa —se burlo Nicola.
Angie iba a negarlo, pero pensó que si lo hacia Nicola sentiría obligado a demostrar que así era, así que contesto:
—Si.
Nicola se apoyo en el mueble de la cocina y la miro risueño. Cuando la miraba de aquella forma, Angie sentía que le flaqueaban las rodillas.
— ¿Por que no vienes aquí y haces algo al respecto? —la reto con suavidad.
Angie estuvo a punto de gemir. No le gustaba ser tan vulnerable. La última vez que había estado en aquel apartamento, Nicola la había herido, la había asustado, había estado a punto de violarla. ¿Como era posible entonces que lo deseara?
—Nicola —protesto, mirándole a los ojos.
—Se que te estremeces —murmuro el con intensidad —Hasta puedo oír tu respiración, Angie
Bajo la mirada hasta los senos de Angie, que palpitaban bajo su gruesa sudadera
— ¿Que sentirías si te quitara esa sudadera y besara tus senos, atrapara un pezón con la boca y succionara hasta endurecerlo...
— ¡Nicola!
Pero Nicola no parecía oírla. Se acerco a ella, la cogió por la cintura y la estrecho contra el. Deslizo después las manos bajo la sudadera de Angie sin dejar de mirarla a los ojos.
—Centímetro a centímetro —murmuro Nicola subiendo las manos por el torso de Angie —Centímetro a centímetro, mis manos en tu piel desnuda...
Angie enrojeció, ardía de deseo. Incapaz de mitigar su pasión, decidió abandonarse. Cerró los ojos y se arqueo contra Nicola para que pudiera acariciarla mejor. Nicola le acaricio lentamente los senos, después se inclinó hacia ella y la beso. Angie se estremeció y gimió su propia voz le resultaba desconocida. '
—Apóyate en mí —le susurro Nicola.
Beso a Angie hasta hacerla estremecerse de placer mientras deslizaba las manos por el delicado encaje del sostén. Nicola incline la cabeza hasta sus senos y Angie tuvo que aferrarse a sus hombros para no caerse. Era tanto el placer que sentía que las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Espero anhelante, completamente abandonada, a que Nicola hiciera lo que quisiera.
— ¡Angie! —exclamo Nicola de pronto.
Retiro las manos y se aparto rápidamente de ella
— ¡Dios mío, lo siento...! —le bajo la sudadera de un tirón y salió de la cocina.
Al cabo de unos minutos, Angie oyó la ducha y volvió a la realidad. Se dedico a preparar la carne para la cena y cuando estuvo lista, la sirvió con manos temblorosas en dos platos. Ya había puesto la mesa y servido el café cuando Nicola volvió a reunirse con ella. Tenia el pelo húmedo, acababa de ducharse. A ella tampoco le sentaría nada mal una ducha de agua fría, se dijo Angie, todavía estaba ardiendo. Le parecía increíble desear de tal manera a Nicola cuando semanas antes le tenía miedo.
—Esta bien —dijo Nicola con calma al darse cuenta de que Angie evitaba mirarle a la cara —No ha pasado nada.
¿Nada?, estuvo a punto de gritar Angie, pero se limito a bajar la mirada. Todavía se sentía incapaz de decir algo coherente.
—Te ha quedado muy bien —comento Angie cuando probó la carne —A mi nunca me sale así.
—El secreto esta en el fuego —contesto Angie al fin —Tienes que asegurarte de que la sartén este suficientemente caliente.
—Mientras estés aquí puedes enseñarme a cocinar.
—Claro.
Después de unos segundos de tenso silencio, Nicola le pregunto:
—Porque estas tan avergonzada, Angie? No te he acariciado muy íntimamente.
—Lo has hecho.
—Las cosas han ido demasiado deprisa —repuso Nicola con una expresión indescifrable —Estaba jugando contigo —añadió con repentina crueldad —Hasta que has cedido como...
Para Angie, aquellas palabras fueron como una bofetada; le dolía que aquella hubiera sido la intención de Nicola.
—Ya he captado el mensaje —se obligó a parecer despreocupada.
Levanto la mirada y lo descubrió mirándola de una manera extraña
—Soy tan culpable como tu.
Nicola se apoyo en el respaldo de su silla y la escruto con la mirada.
—No es del todo justo. Pero antes de que empieces a albergar esperanzas por lo que acaba de suceder, quiero que sepas que todo ha sido culpa de la abstinencia, Angie. Desde que me hirieron no he estado con ninguna mujer. Creo que estoy más desesperado de lo que pensaba.
Así que era eso. Todas sus esperanzas murieron en ese instante. Nicola había dejado muy claro que no había actuado motivado por el amor. De todas formas, Nicola la había intrigado y no pudo evitar hacerle una pregunta:
— ¿Por que no has estado con ninguna mujer, Nicola?
—Por mi pierna —contesto, mirándola sorprendido.
— ¿Por qué todavía te duele?
—Porque tiene muy mal aspecto. Porque no me gusta que vean mi pierna llena de cicatrices —frunció el ceño —Y quizá por ti —añadió de mala gana —el sexo... no me atrae especialmente desde la última vez que estuviste en mi apartamento.
—Entonces eras diferente —contesto Angie —Esa noche... bueno, no me has asustado.
—Ya lo he notado —contesto y la miro de una forma que la hizo ruborizarse —No confíes en mi Angie. Si hubiera besado tus senos, sinceramente no se que habría pasado después. ¿Lo comprendes, pequeña? —le pregunto con expresión de preocupación —Te deseo. ¡Dios, Angie, te deseo tanto! —murmuro con voz ronca.
Y era cierto. No conseguía quitarse a Angie de la cabeza. Nunca había sido tan tierno con ninguna otra mujer. Angie parecía llenar su vida y su forma de responderle le hacia sentirse muy vulnerable.
—Pero te gustaría no desearme, ¿verdad? —le pregunto Angie mirándole a los ojos.
—Eres virgen —contesto muy serio.
Nicola nunca había sido tan sincero con ella. Angie comprendía que Nicola temía adquirir un compromiso tenia miedo de amar y de que lo volvieran a abandonar. No confiaba en las mujeres, ni las quería, pero necesitaba satisfacer su deseo y Angie estaba a su lado.
—Si no fuera virgen...
—Si no fueras virgen ya seriamos amantes —contesto Nicola —Me temes, pero me deseas como yo a ti —la miro con los ojos entrecerrados —La primera vez no suele ser muy satisfactoria —añadió con la voz entrecortada por la emoción —No seria capaz de no hacerte daño porque hace demasiado tiempo que no hago el amor. Pero la segunda vez...La segunda vez te haría gritar de placer. Seria tierno contigo. Muy tierno. Te besaría como lo acabo de hacer en la cocina, lenta y suavemente. Te besaría toda y cuando nuestros cuerpos se fundieran, desearías no tener que separarte de mi…—maldijo por lo bajo y se levanto — ¡Tengo que salir de aquí!
Nicola salió de la cocina dejando a Angie temblando del deseo que había expresado con tanta ternura. No podía creer que la deseara tanto después de la abierta hostilidad con la que la había tratado durante años Había visto con desconcertante claridad la vulnerabilidad con que había intentado ocultar. Ella le importaba. Mucho. Quizá siempre le había importado y su propia reacción ante tal ardor le había lastimado. En realidad, Angie nunca había sabido nada sobre Nicola. No había sido consciente del daño que le habían hecho las dos mujeres a las que había querido en su vida. Había sido ignorado por una y abandonado por la otra.
Temía amar, pero amaba. Angie contuvo el aliento. Nicola la amaba. Esa era la única razón que podía explicar su actitud hacia ella. Estaba aprendiendo a tratarla con ternura porque la amaba. El no lo sabía y por supuesto, nunca lo admitiría. Pero Angie se sintió mucho mejor al comprenderlo. El truco era asegurarse de que Nicola no supiera que ella lo sabía. Angie estaba tan contenta que estuvo a punto de soltar una carcajada. Nicola era suyo, le pertenecía. Nicola volvió a su lado minutos después fumando un cigarrillo y con expresión de completa indiferencia,
— ¿Quieres café? —le pregunto Angie amablemente.
—Si, por favor,
Angie le sirvió mientras el la observaba. Tomaron el café en silencio.
—Tengo que acostumbrarme a tenerte aquí —dijo Nicola al cabo de unos minutos —No puedes volver a tu apartamento hasta que atrapemos a esos narcotraficantes y la ley disponga lo que debe hacerse con ellos.
—Lo se. Intentare no ser una molestia —contesto ella con una sonrisa y se levanto.

Nicola se tornaba vulnerable en cuanto la tocaba, pero en cuanto se alejaba de ella, volvía a levantar un muro entre ellos. Pero Angie ya sabia por que lo hacia Nicola luchaba con uñas y dientes para no enloquecer por ella. Angie era una chica educada a la antigua y el no podía hacer el amor con ella y después olvidarla, así que tenia que olvidarse de ella. Y para conseguirlo, por mucho que le doliera, tenia que mantenerla a una distancia prudente. La miro anhelante, pero aparto la mirada cuando Angie se volvió. Nicola se recordó que eran solo jefe y empleada. Debería tenerlo en cuenta si no quería perder el control de la situación.

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